Un día para los juguetes. Un día para los corazones externados.


Aunque la solución a los problemas del sueño sea probablemente soñar, todavía no se sabe si existe una unidad del sueño donde intenten remediar la falta de un apetito tan particular y espontáneo en sus pacientes mediante la lectura de tebeos. E intentar hay que intentarlo, ¿no?
Ya imagino toda una industria terapéutica del tebeo a nuestro servicio. Claro que existirían peligros, no podemos dejar de pensar que tomos de trescientas y pico páginas o más deberían ser indicados como perjudiciales por las autoridades sanitarias y científicas. Señalar su peligrosidad e, incluso, prohibirlos en los colegios e institutos, además de en hospitales y centros de salud públicos o privados. Imaginad el panorama, entras con una simple gripe, y sales con las piernas dormidas y las muñecas contracturadas después de pasar una semana leyendo encamado. Creo que todos convendremos que, naturaleza ética o filosófica aparte, un j
usto componente de serialización resulta indispensable para continuar disfrutando del extraño y particular universo superheroico. Y en esta perspectiva un tebeo con sus dos buenas grapas viene a ser el anima corporalis que mora en el río de aquel universo, un objeto místico para la devoción popular que colocar junto a nuestro diafragma cuando sentimos que el sueño nos toma.
Con una grapa del comicbook entre sus manos el paciente entra en un estado de proyección en el que se le permite imaginar lo más grande y disminuirse de un modo oportuno y feliz gracias a esta llave capaz de lograr que las notas a pie de viñeta no permanezcan, como los prólogos de los grandes y lujosos volúmenes recopilatorios, en una parte fuera del mundo, sino en un estado de existencia empírica de la conciencia. Un estado metafísico redondeado por rugosidades que conducen a otros espacios también arrugados, y hasta quizás rotos o amarillentos pero nunca secos ni totalmente perdidos. Porque son estos últimos espacios los que poseen la máxima potestad sobre el cuerpo del tebeo, aquel Deo concedente que debe ser perseguido por los creadores y los lectores a fin de convertirse ellos mismos en juguetes de su propio juego. En ese lugar, o en mitad de tal realización, para el caso del guionista o el dibujante, el lector se encuentra en una zona de intercambio sobre la que no es preciso hablar pues solo si es presentida puede ser realmente activada.
La representación del elemento infantil, ya sea de objetos,
escenarios o los propios niños tratados como personajes, es el fundamento que como imagen prepara tal encuentro. Lo grande frente a lo pequeño, el espacio cerrado de la historia ni irreal ni real pero maravillosamente concreto se ve retratado a sí mismo tomando la forma de marionetas, osos de peluche asesinos, mortales aviones a escala y máquinas recreativas transformadas en gigantescos laberintos. El héroe se hace pequeño, nuestra imaginación tirana, y las diminutas monstruosidades nos amenazan con su caos infinito. El reino de los cachibaches y los hombres de cuerda.
Huevos de arcilla en las tumbas de Rusia y Suecia, y supongo que juguetes para la del Chapucero. No me quedó claro si este personaje seguía en el negocio o se le ha dado definitivamente por muerto; en cualquier caso, espero que lo entierren con algunos de sus cacharros. ¿Alguien lo sabe?

Compré este número 36 Forum hace pocos meses de entre una remesa de la colección Juan Towers. Cada uno de los ejemplares autentificado, como podréis apreciar clicando sobre la imagen, con el sello TOWERS Juan. La historia que nos interesa es el Peter Parker, The Spectacular Spiderman número 53 (he robado la presentación que hacía el Dr. Átomos por si alguien se nos ha escurrido por aquí y añora recordar), una aventura más importante para el villano que para el propio Spiderman, o el Peter Parker. A quien al menos vemos actuar con el rostro cubierto de telaraña y los pies descalzos, lo más cerca que estaría esta nueva colección de su premisa inicial, según la cual el aficionado al cucurucho de la araña podría apreciar por fin la crudeza de la vida personal del chico y su influencia sobre los millones de personajes que le rodeaban. Una empresa creciente que a raíz del manejo burocrático, y a pesar de la cancelación de la cabecera Peter Parker el Spectacular, acabaría por librar al protagonista de la pobreza, la injusticia y, también, de la aventura. Aunque aún faltaban muchísimos años para apreciar esa decrepitud de la fantasía arácnida, creo que el germen de tal atroz ritualización pudo muy bien ser esta idea del mesianismo de la cotidianidad que acabó con la aparición de un demonio. Necesaria aparicion a la altura del cuento realístico-superheroico.
No es más que por ese recuerdo de los estados de ánimo de los personajes y las impresiones del lector ante el sentimiento de soledad y desorientación que todavía acompañaba a Spiderman durante los años ochenta, que he querido traer una aventura sin ninguna trascendencia. Cualquiera lo resumiría así: un héroe, un villano y una equivocación. Un error impreso en la constitución del enemigo a combatir, creador de juguetes diabólicos. Lo sabemos o creemos saberlo, el juguete es una cosa, un objeto incapaz de tomarse a sí mismo como activador de sus propios recursos interiores.

Bill Mantlo entre juguetes, ni obligado a vivir solo en compañía de ellos sus historias más sencillas perderían humanidad. Tenemos a Spiderman, uno más entre los transeúntes disfrazado como Peter Parker, a punto de rescatar a una suicida que habla así "¿Por qué no sacan a esos juguetes?"
¿Qué juguetes?, por supuesto ni nosotros ni Spiderman vemos muñecos. Da igual, lo que importa ahora es actuar desde dentro, cubrirnos el rostro, dar un gran salto y pegar nuestros pies a las paredes del edificio para poder llegar hasta esa cornisa antes de que...
¡Rayos! ¡No puedo fallar! ¡Esto va mal! ¡No me sujeté bien! ¡Me arrastran! ¡Vamos Parker casi los tienes!
Bueno, no es que la gente aplauda. Ni que le estén preparando allí abajo ninguna conferencia de prensa con flashes y televisiones a Spiderman. ¿Para que querría un héroe inundado de alegría interior nada parecido? Un superhéroe permanentemente emocionado e individualista no parece una formula hueca, por decirlo así, no es otro muñeco. Espejo de espejos dispuesto para devolver y tomar vitalidad, Spiderman está dispuesto a entrar en el edificio por una ventana y aunque es sorprendido por un disparo cegador tiene tiempo de reconocer al juguete. Como es costumbre el héroe saldrá derrotado de este primer enfrentamiento. Como es tradicional, se le niega también a su vez la naturaleza positiva de su proeza confundiéndole con el muñeco desde el que se operó el mal y, por último, tal como esperamos y deseamos siempre, Spiderman huye sonriendo ¡Ja, ja! ¡Nos vemos en el próximo episodio, amigos!
Ya llegamos a nuestro paraíso, la guarida del terrible Chapucero. Un escondrijo para seres perezosos, inactivos y, por tanto, mortales para el alma.


Al punto resultan impactantes las imágenes efectivas de la conciencia de este enemigo allí dispuestas que Spiderman percibe su potencial mortífero de un solo vistazo; los efectos de cobijar un material tan completo de hibridaciones entre el asesinato y el juego tiende a representar análogamente un razonamiento mediador entre el despiste de la lectura y la conciencia del protagonista de esta actividad. Si Spiderman cae, solo morirá Peter Parker. Si el lector interrumpiera la lectura aquí, sería él quien cayese.
La proverbial locuacidad de nuestro invasor aniquila los cálculos con que desde su sótano el Chapucero nos acosa en tanto que lectores físicos y mentales. Pero no existe máquina ni soldaditos o muñecas que puedan invadirlo con poderes ajenos a él. ¡A Spiderman! Siempre ligado a un sentimiento de tensión a mitad de la burla temeraria, altamente chocante ante la inmediatez del peligro, y su cometido principal de dar solución al problema del mal en el mal Spiderman intuye la inautenticidad, el simulacro, lo antitético de las funciones del ayudante del Chapucero. Coloso negro tan fuerte o pesado como la Masa pero al que ha visto volar, como si del genio de alguna lámpara mágica se tratara llamar amo al inventor de juguetes asesinos. Demasiadas veces el creador de ingenios mecánicos tan increíbles como el pobre Toy ha proyectado la sustancia viviente de su corazón en los productos meramente mecánicos de su intelecto.
La calle es invisible, se retoma la imagen oscura de la mujer enloquecida que quiso saltar al vacío como si esperase poder entrar en un gran agujero en la tierra. Ahora la luna, la promesa de la ventana, aparece como una esperanza. La recreación horrenda de soledad ocultada en los bajos del edificio ha quedado atrás. Al final, Spiderman ni siquiera conduce a la policía hasta el criminal. Las sacas de dinero han sido olvidadas también. El cielo y la noche, la disolución y el luto han decidido que sea así. Parece que no, que no era el primer edificio. O puede que sí y, entonces, ¿entonces dónde estaban esos juguetes?


Enciclopedia del Universo Marvel []--> El Chapucero

Nota del Consejo de Redacción: Las quejas de nuestros lectores y suscriptores por la utilización abusiva ("casi pornográfica") de imágenes de portadas y páginas en estado de deterioro permanente nos han llevado a prescindir hoy de la cubierta original de este tebeo en su edición española, que no obstante reproduce la misma ilustración que su original usamericano. Lo que en adelante será habitual y hemos prometido tomarnos como una regla no escrita para próximas entregas.
También es claro que el Director de esta publicación podrá hacer con ello lo que quiera, y probablemente lo haga, pues en sus santas manos está el negocio. Arriamen, y el caminito nos admiraremos.

5 comentarios:

lord_pengallan dijo...

El último globo es impresionante. Cómo hecho de menos esa psicología de baratillo transcendente. Es una de las razones por la que me encantaban los comics de superhéroes. Ay!

Anónimo dijo...

A mí también me gusta. Y las dos viñetas anteriores con ese Spiderman que está y no está. Puedo imaginar que nada ha ocurrido y que Peter Parker sigue en la calle mirando a una suicida que habla sobre juguetes.
Te has librado de contemplar el estado atroz de la portada, con una costra de cacao importante, porque el día que robé las imágenes no llevaba monedillas suficientes.

Una aclaración:
El de la foto no soy yo, la encontré en el googelizador de imágenes ("chicos leyendo tebeos"). ¡Vaya par de orejas! ¿Dónde habrá ido su otra mano?

Ismamelón

Anónimo dijo...

Si es que ya no nos quedan fabuladores escribiendo comicbooks. Los únicos que quedan son precisamente dibujantes, del estilo Alan Davis o Arthur Adams, capaces de superar argumentos de novela negra y promesa social. Voy a por un enlace del cómic comunista de superhéroes que encontré el otro día.

Anónimo dijo...

Vamos, de superhéroes no es pero se da el aire y, quizás, lo que nos queda por ver en Marvel los próximos años (después de lo que hemos visto de esos tíos con la máscara de V creo que hay mercado):

El video de The Communist Manifesto

www.redquillbooks.com

Ismael dijo...

¡Bue!, nos queda aún la cosa del Jesús del Gran Poder cósmico:

The Action Bible

Pobre chavalillo...

www.theactionbible.com

Menos mal que aún contamos con Guillermo Tell Un tebeo con posibilidades, que me gustaría poder imaginar como un nuevo Puño de la Estrella del Norte con flechas aunque aparece demasiado civilizado:

Tell de David Boller