Ser un niño bajo el árbol de humo






















Creo que os será imposible no ver esta vez el árbol de la encrucijada tras el humo de la Bomba
Gamma. ¡El mismo centro del mundo en el interior de la Encrucijada! Un nacimiento, como el de Katsuhiro Otomo y su Akira.

El énfasis por la repetición de
temas y elementos en la obra de Bill
Mantlo ha conquistado la continuidad del universo Marvel, esa Santa continuidad marvelita que no es del todo su simple condición o disposición histórica, sino circulación y purificación, el perfeccionamiento del Universo Marvel. No existe checklist ni Marvel Saga que pueda reunir toda la Historia de Hulk, Spiderman o la Patrulla X, pero de tiempo en tiempo vendrá a escribirse un número para cada uno de ellos con que revivir su origen. Y será difícil escapar a esos nacimientos intuitivos plenos en imaginación de los inicios, en los que el color de la piel de un personaje parecía que podría depender más de la casualidad que de ideas o conceptos, de forma que olvidar o añadir un solo objeto, una sola nota, podría arruinar hoy esa impresión como de acabar de despertarse con que todo guionista desea poder prolongar la geografia psíquica de estos personajes maravillosos. Maravillosos porque al final se trata de acertar en transformar multiplicándolas, o transladándolas de un soporte a otro esperando que se sostengan unidos entre sí por la perseverancia básica de una cierta similitud interior, toda las notas más sustanciales en la constitución del personaje. Una geografía, una estructura capaz de extenderse más allá del mapa, más allá de nombres, una narración elevada sobre un mito visto y descrito in aeternum, creado para no ser modificado precisamente en su origen, la tierra en que se muere, capaz de fortificar y aumentar otros espacios, otros modelos de historia.
¿Es este Hulk mantliano como el último Superman de
Grant Morrison? La misma mermelada en otro bote dispuesta para un tiempo, una industria o unos lectores distintos. No lo sé, y da igual. Todo está aún por repetirse nuevamente.

[Editoreando 9.0]

No me pidáis que me duela porque llegarían las risas. Recordar la publicación Forum(cular) de aquello que titularon Secret Wars dos pitos, título abyacente a Secret Wars un pito, es llorar Atentos a la dramatización "¡Bhuaaa!" La lista de series desgajadas en España debe ser incontable, ver un episodio de Rom, Capa y Puñal o los Micronautas, más algún que otro personaje de imposible publicación, no fue consuelo suficiente para quienes seguimos, dentro de un recuento tétrico e incompleto, series como La Patrulla X de Claremont o Los 4 Fantásticos de Byrne. De repente nos obligaron a comprar la cabecera de un personaje que no era nada -Steve Englehart lo demostró algunos años después, ya lo creo, un par de cubetes cósmicos y un Skrull azul fueron suficientes-, que incluso parecía salido de cualquiera de los videoclips musicales de la época, de un modo horrible ya vestía antiguo cuando Coloso calzaba guantes y solapas puntiagudas, y, encima, se llamaba el Todopoderoso (acrónimo zygoteano, dicen que de Jim Shooter).
L
a estrategia habitual de robar el dinero de la merienda a tus compañeros en el patio del recreo [FALSO RECUERDO] nunca era suficiente, tenías que arriesgarte aventurándote hacia otros territorios lejos de tu quiosco de siempre para hacerte con el maldito número de las Secret Wars dos pitos en el que continuaba un número de la Patrulla X, por ejemplo, y salir corriendo sin pagar. Eso sin tener en cuenta el bazar temporal de Tiempo Forum, por el que podrían transcurrir varios años entre la publicación, así como de refilón, de un episodio cualquiera dentro de otra serie en forma de complemento antes de decidirse a publicar la serie en si para "¡Oh leviatan, pronto majara!" ya decidir, sin aviso, que ni era preciso publicar de nuevo aquel pequeño trozo visto años ha puesto que era conocido por los lectores y, de todos modos, seguramente podrían encontrarlo por ahí si de verdad quisieran hacerlo. Más o menos así creo que debieron nacer los famosos retapados que distribuían por estancos y estaciones de trenes y autobuses una vez que se cargaron el servicio de números atrasados.
El atentado fue a mayores cuando sacaron las nuevas series en formato de auténtico comic book
USAdo como La Cosa (The Thing), con John Byrne... ¿¡También os paso a vosotros!? Ya os dije que era mejor no contar esto.

Teléfono Verde de ayuda psicológica permanente 24 Horas para los dolidos por la publicación española de Secret Wars dos pitos: 981-276361 (con el asesoriamiento profesional de los Doctores Skull, Loki y Atomos)

[Editoreando 9.0]

Monstruo
El Hulk de cara de niño no es una simple curiosidad. Una criatura cíclica y eterna, que contemplará el fin de la Tierra y la especie humana, que será nuestro reloj del universo Marvel y, también, un monarca tiránico e inválido, los mejores episodios de Peter David, solo puede ser un niño. Un puer aeternus, entre esta especie narrativa de la liminariedad, el más genuino de cuantos superhéroes conozco.
En este número 23 de Secret Wars II (año 1986 del Planeta Agostini, con los números 312 y 3 de The Incredible Hulk y Fantasy Masterpieces), Mantlo nos lo descubre furioso,
transcendentalmente inmerso en el centro de una rama familiar casi seca ya a punto de caer con él. Y ¡Sí!, se trata del famoso número nutricio del que surgió la película de Ang Lee. Un punto del que daban cuenta tanto Omoloc, en una de sus dentadas entradas que titulaba Es agradable que alguien te recuerde tenemos unas páginas en forma de comparativa de distintas etapas sobre el secreto familiar de Bruce Banner y Hulk, como el propio Peter David, en alguno de sus famosos artículos (But I digress, Dolmen Editorial), y David Fraile y Eduardo Salazar con Hulk ¡Aplasta!. .

"Un árbol inmaterial, todo azul, todo gris, crece ligero. Algo de un aroma muerto recorre la noche.. Ante nosotros, algo vive y muere y nuestros sueños son interminables. El árbol de
l humo se halla en el límite del movimiento inmaterial y del movimiento vivo."

El árbol familiar de los Banner se completa con un monstruo. El pequeño Bruce vino al mundo atraído por los dolores de su madre y por el temor de su padre. Cuyos experimentos atómicos, sospecha el propio científico, han podido afectar su estructura genética e, indefectiblemente, al menos así lo considera él, la de este hijo.
La infancia de nuestro pequeño niño pronto se desvelará como una epifanía multiforme una vez que le sabemos negado el amor paterno. Siendo relegada la madre a una figura ausente por la tiranía del crónida atómico, y singularizada a través de los raros objetos, juguetes de atributos, formas y colores singulares, una estrella, un muñeco, que como dones entrega a Bruce sobre su cuna, las inconscientes astucias de la soledad externalizarán en su amado muñeco y la brillante estrella un amor maternal que casi no llegará a conocer. Madre por la que vemos, hemos visto y veremos rugir a Hulk, como un otro duplicado folclórico, levantando el suelo, hendiendo la roca o resquebrajando y arrancando el tronco de cualquier árbol, su ausencia, su presencia trasladada mediante símbolos e imágenes duplicadoras es una constante secreta que se sostiene viajando desde los perfiles vegetales a los resplandores nocturnos y los descensos acuáticos y subterráneos a través de ciclos de optimismo y decaimiento de la esperanza.
Mantlo nos ayuda para que nosotros podamos asistirle en su infancia, practicamente lo dejará en nuestras manos con este episodio antes de que John Byrne se ocupe de la cabecera del ogro verde y él lo haga del supergrupo canadiense Alpha Flight. Le vemos ir, al niño, en Nochebuena, junto al árbol de la casa abriendo un regalo. Una aureola verde le acompaña. Por encima de este niño se dibuja la silueta de un Hulk pacífico casi feliz, un monstruo infantil, el Hulk de cara de niño que conocemos, no huye en una esquina el árbol navideño y entre los juguetes hurtados al tiempo, Vigilante y la Estrella, que sabemos redoblados en la Tríada -aún no le hemos dedicado una entrada, en cuanto cacemos el poema adecuado pronto habrá alguna- de guías que cruzan los portales de la Encrucijada donde Hulk fue desterrado por el Doctor Extraño. El tercero, vistiendo el azul paterno, es la sombra amenazadora, el maltrato. La infancia negada. En fin, nada sobre Bruce Banner y el freudita Peter David que no puedas encontrar en cualquier otro blog, no lo olvides. Dos páginas robadas:






















Sería dulce ver de elevar un niño hacia el cielo si no hubiese tormenta. Fue un parto difícil, un duro nacimiento. Pero quiero que veas, ahí también, a un árbol: el cirujano, el bebe, el cielo rugiente y verde. El tiempo destructor y el árbol, aspecto maternal del árbol: ¿qué leía Mantlo?
Es extraño, no tengo inteligencia como para saberlo, y no es que un guionista necesite leer nada pero hoy parece no son algo sin alguien más grande trás ellos. No son nadie, o son demasiado nada sin un referente culto. La imaginación no tiene que ver en lo suyo. Guionistas de relleno, si imaginan solo pueden ser lo que se conoce por 'Gentes del fill-in'; escritores que son buenos si llevan muertos cincuenta o treinta años, pero que como todavía insistan en vivir o, al menos, en continuar escribiendo de cuando en cuando, solo son basura. Pues bien, si yo fuese el agente o editor de Bill Mantlo recordaría a Carl Jung, por ejemplo, al hablar de la estrella (juguete y miembro de la Tríada), les recordaría así que "Soy el piloto de la carena sagrada, soy el timonel infatigable de la barca de Re. Conozco el árbol de color esmeralda de cuyo centro se eleva Re". Creo que daría para un video de youtube y un aluvión largo de risas e insultos a la incredulidad en foros, webs y cuevas especializadas. Por supuesto que, como agente o editor de este artista, insistiría en la forma aparentemente tosca pero en verdad sofisticada con que trató este símbolo transformador mostrando siempre dobles aspectos (temas) gracias a la figura del árbol, el insitente símbolo capaz de unir al hijo y la madre en un mismo esquema de renacimiento, la asimilación de la edad vegetativa infantil de los instintos a la animalidad brutal. Esa armonía de la naturaleza que transmiten las estancias de Hulk en parajes selváticos o desérticos y las normas inhumanas de los civilizados laboratorios y espacios urbanos que tan grandes batallas nos han brindado, contra Thor o Iron Man, contra los héroes antes de su expulsión de la Tierra hacia una nueva gestación en el seno de la Encrucijada. ¿¡Demasiados grandes momentos quizás!? Sí, seguro que demasiada diversión los mata. Afortunadamente para los amigos de la Guerra y la Gabardina en esta ridícula historia todo es pequeño, los dibujos de Mike Mignola son una birria, se aburría con los superhéroes, y aquí llegó a dibujar un profesor de universidad ataviado a la moda del siglo XIX.
No queda nada por explicar, nunca lo hubo. Este triste numerito no sirve más que para describir la inadaptación de Bruce Banner ante el mundo, de hecho, por un capricho del guión, pura casualidad, le vemos recoger un puñado de tierra ante la tumba de su madre y, como en tantos otros enfrentamientos entre Hulk y sus enemigos, a su padre arrebatándole furiosamente esa tierra, la arena y el tiempo. ¡Qué cosa tan tosca! Ese niño no es Hulk ni es propiamente Banner, se trata de un ser entre estados. No es que sea algo excepcional, utilizan disfraces, salen de casa por una ventana... pero aun así hay quien quiere despojarlos de los colores chillones. Se nos quejan por los bastones, las capas y las aletas sobre la cabeza y ¡Quieren gabardinas!

Dime ahora que has dedicado un día a contar el número de árboles que aparecen, por lo menos en la etapa guionizada por Bill Mantlo. En este mismo blog puedes encontrar los tres más claros ejemplos constitutivos del mito que fue La Masa y cuya dirección
es el centro, el espacio sagrado según Mircea Eliade. Puedes hacerlo, te he visto.
¡La Encrucijada, si pudiéramos contar qué fue sin desbaratar su encanto!
Centro, nacimiento, iniciación. Todo comenzó con una explosión, un doble-doble nacimiento, vimos un árbol de humo cubrir la Tierra por completo y a una figura emerger de aquel humo.
Nuestro hijo se llamaba Bruce Banner. Él era nuestro primer hijo, pero si el segundo hijo necesitara algún día a un padre y a una madre, entonces este nuevo creador vendría a llamarse Bill Mantlo. Solo él podría mostrarnos la razón, si la hay, de porqué el monstruo tiene la cara de un niño, traería un anzuelo y arrimaría sobre su espalda los más íntimos seres espantosos que podríamos conocer jamás. Seres que morirían por ver vivir a nuestros hijos.
Ese nombre, Bill mantlo, sabría qué es ser como un niño, dar un segundo nacimiento, iniciarse, querer salvarse y no repetir la antigua vida; él traería al salvador, lo atraparía para nosotros como a un pez, igual que en una parábola, fuera del tiempo; y, aunque no lo hiciese, llegaría a hacerlo. ¡Lo hizo por nosotros! No se dibujó pero sé que lo hizo porque es posible imaginar ese final. Yo puedo imaginarlo ahora. "¡Nosotros tres, Guardián, Luz y Duende, somos lo que quedamos del niño maldito que el mundo conoció como Bruce Banner!"
No te cansas, el tiempo no pasa por ti cuando nos lees. O pasa demasiado lento, pero no cejas. Nunca, nunca te contaré nada que no puedas observar, como el espejo que eres para estos viejos tebeos mantlianos, estando tú solo al igual que Bruce Banner ante el último regalo de la Tríada. Solo y dejado bajo el árbol, ¿lo tienes en tus manos? Este número vale la pena leerlo, hazte con él de la forma que puedas y estarás con Hulk el gran meditador de la masa y lo sabrás todo de él.


Por la mera razón el hombre no puede transformarse en cualquier cosa, sino solo en aquello que como posibilidad existe ya en él. Si tal modificación se torna necesaria, el modo anterior de adaptación, que poco a poco se desmorona, resulta inconscientemente compensado por el arquetipo de otra forma de adaptación. Ahora bien, si la conciencia logra interpretar deacuerdo con el sentido y la época el arquetipo constelizado, surge entonces una transformación viable.

Símbolos de transformación, de C. G. Jung.

[] Tú que querrías poder pescar a Mantlo con un anzuelo como él imaginó que los Alphas rescatarían a Bruce Banner de esa dimensión de sueños, puedes colaborar en el blog de Admiradores de Bill Mantlo mientras intentas recatar al señor Bill []

3 comentarios:

Omoloc dijo...

" los dibujos de Mike Mignola son una birria, se aburría con los superhéroes, y aquí llegó a dibujar un profesor de universidad ataviado a la moda del siglo XIX."

Más aún: Mignola se declaró "incapaz" de dibujar a un niño, así que cedió los pinceles a su novia en aquella época para que pintase al joven Banner.

Aun así, a mi ese dibujo me gusta mucho hoy en día... probablemente gracias a las buenas artes de Talaoc y a la más que correcta narrativa de Mignola.

Salu2!

Ismael Fancito. dijo...

¡Santo manco, santa lata!, vaya apuntes que sueltas pues no tenía idea de eso de los niños abandonados a otra mano. ¿Pero el bebe que grita, ese sí está hecho con la Mano de Mignola?
Lo del dibujo birrioso entraba a preparar la cubeta de sarcasmo de la siguiente parrafada acerca de las 'casualidades' del guión. Para alquitranar la carretera, una idiotez de por medio con que cabrear y hacer sudar horrores al posible lector que pudiera acudir solamente para saber sobre el Mignola a su paso por La Masa. Hay que sacar ya lo de el Ernesto Mortal y la Señora de la espada. ¿He contado ya que mi hermano se llama Ernesto? ¡Jo!, no rompimos cosas ni nada gracias a esa coincidencia en los nombres.

¡Sal y Nudos!

Ismael Fancito. dijo...

Lo que me gustaría es que Mignola se hubiese ocupado de la parte tétrica y obstétrica, con un Paul Smith que se hiciera con los recuerdos de la primera infancia, los tejanos universitarios y la escena en el cementerio.
¿Y no sabe nada sobre una posible influencia de estos dolores gamma en la creación de Helllboy? Ese otro monarca de oscuros padres me chifla. Venga, ya nos robaremos un escaneo con el demonio corta lazos y su bisturí de plata.
Omoloc, ¿has leído el tebeo El corazón coronado (integrale de Norma editorial)?