Ratas como los niños



Esta es difícil... ¿Cómo explicarlo? 'Tres en uno' (la persistente marca antirechineo desconocida en tierras transilvanas), una, dos y tres historias reunidas todas en un numerito español ordinario, después de que la cole de Capa y Puñal cayera como ceniza al muelle allá por tierras USAdas tras haber acabado para los restos, lo que en la Marvel es ir a aterrizar en un Strange-Tales o similar. Hasta menguar, y no ser feliz del todo, junto al Doctor Extraño y Terry Austin -lo que también vimos aquí aunque no por eso ahora vayamos a recordar 'Las estambóticas desventuras de Caspa y Puñalada', eran otra tos, y yo las disfruté de cierta manera-.
Vale que no se entiende, ¿pero acaso importa?
De esa misma certidumbre nos valdremos para atraer de un modo un poco libre, tal vez, un poco vacío, el lamento arrastrado de la historia titulada Alimaña (Strange-Tales volumen 2 nº 5) a la nebulosa engullidora de [link]--> Cloak and Dagger: Predator and Prey. Dejando apartados por el momento los otros dos episodios contenidos en este décimo número Forum a fin de esclarecer lo que llamaremos Los viajes maravillosos de Capa y Puñal. La droga del retorno. Hasta entonces, las alcantarillas de Nueva York serán nuestro cuarto secreto, como siempre quisimos, descendamos:
La oscuridad y la luz son semejantes... ¿No es algo terrible y maravilloso?


A la continuidad de la niebla verde, a los pasos del alma externada de Capa y su Jack el Destripador, hijo trágico de otro ancestral personaje, Jack el verde, y mero instrumento del demonio de las oscuridades interiores de nombre Depredador, las calles del barrio obrero se tiñen. La atmósfera pesada, recién cortada, hunde los callejones; a riesgo de mejorar las imágenes de manera y en orden falsamente arbitrario, uno diría que hay ahí un descenso violento del clima más agresivo y menos simple que los escenarios portuarios de un Joe Kubert, por ejemplo, y no va a ser Batman quien los franquee. Bill Mantlo cuenta esta vez con un dibujante excepcionalmente dotado para caracterizar la violencia menuda, bulliciosa, alborotadora, que caracteriza al personaje de cuento que acompaña hoy las escaramuzas de Tyrone Johnson y Tandy Bowen, por otro lado personaje bastante común en los universos superheroicos, pero que (en lo que yo sé) nadie ha sabido utilizar de manera tan profunda y por tan escaso espacio, la rata, rata de Brett Blevins. El dibujante de la juvenil deformidad que hiciera tréboles en los Nuevos mutantes brillando canas junto a la guionista Ann Nocenti en el teatrillo político Un mutante en Megalópolis -publicada en España en un tomo prestigio pero hurtada a su público natural allá en los USA por mor de un puñado de dardos que el filtro de la censura editorial de la casa de las idas y venidas Marvel no olvidará jamás-, un contraste demasiado vivo para el estilo esbelto que siguiendo la escritura del impulso mantliano infundió a Capa y Puñal Rick Leonardi. Visual inmejorable, definitivo, es cierto, para muchos lectores, que yo considero en exceso 'sublime' y, en razón de la transmisión simbólica que lo inspira, menos móvil que el arte de Blevins, más abierto (creo yo) a los trastornos y las transformaciones que mantienen el equilibrio entre luz y oscuridad. No ya en cuanto al dibujo, sino sobre los temas con que este nos invade transportándonos siempre en un eternizado viaje. Pues es, como bien sabemos, un mundo por siempre redoblado y nunca del todo concentrado en lo que ocupa el de Bill Mantlo. Jamás lleno de si mismo como una burbuja. "En un mundo que prisionero es, libres respirábamos, tú y yo; pero la verdad clara brilla hoy, y nítida su música sonó... "

[Editoreando 7.0] ¿Ya disfrutas con tu propia opinión? Nuestra aceituna necesita de tu relleno, échanos tu recorte y colabora junto a las rutiladas estrellas de Admiradores de Bill Mantlo. [Editoreando 7.0]

La historia podría compararse en un principio a cualquiera de los pequeños argumentos sociales en los que Ann Nocenti inmiscuía a sus superhéroes como accidentes ecológicos, soledades urbanas, manipulación política y todo el cuenco de acciones humanitarias tipicamente civilizadas. Sin embargo, además de superar aquellos accesorios, o el más simple espanto de otras historietas añejas y efectistas alejadas de los universos superheroicos, el espesor nocturno de Bill Mantlo se encuentra en un lugar diferente donde la profundidad maternal, a un tiempo abismo y luz esclarecedora, liturgia del estremeciento y esperanza de tranquilidad, reina. Nos recubre, de hecho, la niebla verde, acuñación simbólica del lamento por la tierra hembra.
El efluvio venenoso (Mortalcida III) resulta tan letal, fulminante y barato, que a pesar de estar prohibido en toda Europa continúa siendo una óptima solución para acabar con las ratas en países subdesarrollados y barrios pobres de los EE. UU. Ya conocemos el gusto de nuestro guionista por toda clase de espacios de la segregación y la nada -revisad la fantásticas entrevistas y
documentos que podréis encontrar reunidos bajo la categoría Datos y entrevistas-, pues bien, ese mismo veneno es el que ha creado la criatura mutada conocida como Alimaña y, también, el que reune en la Iglesia del Espíritu Santo a la comunidad de las gentes. Lo cual no debiera ser noticia si todo ello no se hubiese visto atravesado por un grito congelador "¡Alguien esta raptando a nuestros hijos!". Que tampoco debiera constituir novedad alguna, si la oscura santidad del lugar no partiera de un hueco entre los hombres, un vacío que habita esta iglesia en busca de una justa Intimidad. La bóveda, la fábrica curvada de almas, su cueva, el regazo materno, no es necesario decirlo, esta detrás de todo... Y de los niños, de las ratas como de los niños.
No lo quiere. Nada desea menos Puñal que aterrorizar a las gentes que quieren proteger con sus poderes. Aquellos entre la comunidad de las gentes que Capa parece no saber distinguir, los pobres, los oprimidos, las "¡Victimas de la vida!". Es la Intimidad un tesoro profundo que requiere difícil inversión, donde lo femenino se pierde escondido de tan adentro, y hacia cuyo progreso casi siempre requeriremos de una fuerte sexualización capaz de restituir el cuerpo completo del hombre oculto tras del revés de la capa. Hoy serán los niños atacados por "Furiosos cuerpos peludos. Sangre y saliva. Terror que libera un..." los que van a representar para el lector mantliano la minimización viril de Capa como proceso de una potencia maligna expresada en la reprobación de sus actos por parte de Puñal. La quiebra de la unión, una de las muchas constantes cíclicas en la simbólica de la bipolaridad tratada así por Mantlo, o persiguiendo el absurdo psicoanalítico, declaración del miedo al miembro viril y a la fractura del coito. Aunque solo si se rehuye que los superhéroes carecen de verdaderos órganos sexuales: vapor, sombra y maníqueismo, nunca se ha necesitado más que estas tres notas para construir un buen comicbook.

"La vida no es otra cosa que la separación de las entrañas de la tierra, la muerte se reduce a un retorno a uno."

Mircea Eliade

Hacia una alcantarilla, mismo cuarto secreto cuyo interior conocimos con la guapa novela gráfica ya mencionada, publicada para nosotros los españoles en una grapa Especial Primavera Marvel héroes, son arrastrados los niños por aquellas que muerden y arañan cruzando hacia otro mundo. Agresivo y amoroso, descrito materialmente como puerta y boca aquella otra vez, el simple agujero sobre la pared se transmuta en cavidad sexual al incidir la animalidad de las ratas y de Alimaña (elemento de la hibridación, monstruo transformador) como vivaces y pequeños índices copulativos de la unión esencial que, ya sabemos, recorren eficazmente Capa y Puñal.
Advirtiendo de este modo que el retorno a uno, la redondez valorizada en la bóveda de los sumideros del acueducto subterráneo donde se recogen las aguas y los niños permanecen presos solo será posible cuando Capa muestre señales de su humanidad al reconocerse dentro del propio discurso del desgraciado monstruo, preocupándose no solo por la tragedia que el veneno de los hombres representa para Alimaña, esto es, el íntimo temor por la muerte de las superratas, última raza que puede aceptarle, sino por la integridad de los niños confinados por la criatura. Niños y ratas, dedos con los que Alimaña distingue la claridad de lo inexpresable mediante el gesto que remarca la orden verbal y lo simbolizado por estos tres personajes en el curso de la historia: penes. Pequeñísimos penes encargados de activar la carne de Capa, su humanidad, su cuerpo entero hecho de tinieblas entregado para la solución del ciclo, el retorno a uno del que las ratas, los niños, Alimaña, son meros detonantes. Este último el mayor de todos ellos, pues al dirigirlos Alimaña será clave cuando se suicide abriendo paso al agua que le hará perder su refugio y su intimidad para ser arrastrado por "el agua purificadora" junto a sus pares al paso de la dicha de la liberación demostrada por los niños en la salida del umbral hacia los brazos de sus madres. Así, tras la cíclica representación de su prueba regresan a lo más interior de su nave los que son Sombra y luz, ni lo uno ni lo otro.

Valoración final: El mundo quiere las alimañas

¡Y quién diría que no se puede contar en menos de noventa páginas todo lo que aquí ha ocurrido (incluyendo lo que yo he evitado contar)!
Solo once le bastaron a Bill Mantlo y a Brett Blevins bajo los colores de Glynis Oliver. Tal vez sea mi aventura preferida, la más romántica de toda la serie regular de estos personajes. Un fantástico hueco para la imaginación, triste y liberador como el destino mortal de ratas y hombres, claro que con un enemigo tan netamente fantástico que ni siquiera podría ser indicado como supervillano.
Alimaña, el perseguido, el hurtador de los secretos del reposo benefactor, en ti transferimos las gentes de la comunidad, las víctimas de la vida, para expulsar la muerte. Tus
dientes, tu pelaje encrespado, tus ojos hacemos nosotros visibles y reales para no tener miedo de continuar envenenándonos. Porque al final solo son historias, y ¿solo son tebeos?
Y dejar a un niño con la boca abierta, ver su alma deslizarse fuera como un ratón sabiendo que no se despertará jamás. No conozco mayor hazaña. Ojalá fuese posible que Mantlo supiera que gracias a él yo nunca he despertado.
No es la inteligencia, quizás es la imaginación que no sabe ni necesita de ella. Ni tampoco la nostalgia, pues en esta no se acumula nada de tal manera que no pueda ser vaciada en cualquier otro objeto; y, además, los tebeos y sus historias se bastan a si mismo para explicarse. ¿Alguien lo duda?
No, no solo son tebeos. Ellos también viven dormidos como nosotros. Esperando.


Carnes de menbrillo [Editorando 7.0] Hueso de sustanciero



"Lo extraño nos persigue. Lo extraño somos nosotros y nuestros perros, las tiras de papel y gomas de sujetador que guardamos en el interior de las cisternas en nuestras Casas."
Diarios de un Transeditor (Editorial Preciosa, colección Tongovisión), Marcelo Empastado.

Lo imposible se realiza cuando se vive de verdad una mentira dijo Copérnico, quien, efectivamente, hoy sabemos que no creía en absoluto ni una palabra de lo que escribía, pero acaso es real esto:
En el Marvelmanía, correo donde eran emparedados los lectores de la época, de este número Forum correero Méndez contestaba la carta de un Javier Olivares (Madrid) que escribía simplemente por el placer de recibir una opinión sobre unos dibujos suyos ante los que la gente "pone cara de póker". ¿Es esto real? ¡¡¡MISTERIO!!!

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